«Tirar la casa por la ventana”: El Orgullo como hito político frente al avance autoritario

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«Tirar la casa por la ventana”: El Orgullo como hito político frente al avance autoritario

Ángel Álvarez

El panorama para la población LGBTQ+ en Chile ha experimentado un giro restrictivo bajo la administración del presidente José Antonio Kast. Desde el inicio de su mandato, se han registrado hitos que marcan un distanciamiento histórico de las políticas de diversidad, como la abstención de Chile en la OEA (marzo de 2026) respecto a la declaración sobre derechos de esta población y la omisión total de estas temáticas en la Cuenta Pública 2026, donde el discurso se centró exclusivamente en seguridad. Ante este escenario, organizaciones como el Movilh y la Fundación Iguales se han declarado en «estado de alerta» frente a un ejecutivo que históricamente se ha opuesto al matrimonio igualitario y la adopción homoparental.

El rol de la oposición y el avance autoritario

Desde el Congreso, la oposición ha tenido que articularse para enfrentar lo que definen como un retroceso en derechos civiles. La diputada Emilia Schneider  y jefa de bancada del Frente Amplio describe la gestión actual como un «avance autoritario» que no soluciona los problemas reales de la ciudadanía. Entre las principales preocupaciones legislativas se encuentra el proyecto de «escuelas protegidas», al cual critica por ser una medida que «solamente restringe los derechos de la y los estudiantes y sus familias».

La legisladora advierte que el bloque conservador ha permeado todas las esferas de la derecha tradicional, eliminando cualquier «cerco sanitario» y normalizando posturas que antes eran marginales. Según su análisis, el gobierno evita la «disputa frontal» pero aplica una estrategia de recortes presupuestarios bajo la narrativa de la eficiencia: «No será una disputa de ‘yo le cancelo esto a estos degenerados’… va a ser ‘esto es porque no es eficiente, porque es para una minoría'». Esto pone en riesgo directo programas de prevención de VIH y acompañamiento de identidad de género para la niñez trans.

Por su parte, la activista Shane Cienfuegos propone una respuesta que trasciende la institucionalidad, enfocándose en la reconstrucción del tejido social. Para ella, la clave no es buscar apoyo en el gobierno, sino «agruparse de manera comunitaria, hacer un trabajo territorial que posibilite hacer una reconstrucción de memoria histórica». Shane enfatiza que la defensa de los derechos humanos debe ser integral, vinculando la identidad con la protección de la naturaleza y los recursos naturales, los cuales sufren una «desterritorialización» bajo el modelo actual.

Una de las palabras clave en su discurso es la intergeneracionalidad. Shane Cienfuegos destaca la necesidad de priorizar a la «adultez mayor LGBTIQ+», argumentando que las redes de cuidado son fundamentales cuando el Estado falla: «Este colectivo está tan lleno de amor y está tan lleno de estrategia… que nos da para poder distribuirlo entre todos».

Ante la «ofensiva muy ruda» que se percibe desde el ejecutivo, la movilización social surge como la herramienta de defensa más urgente. La diputada Schneider hace un llamado explícito a que la próxima marcha del orgullo sea un hito político de gran magnitud: «Este orgullo es para tirar la casa por la ventana… porque mostrar una señal de debilidad en un momento tan complejo sería un flaco favor a nuestro movimiento».

El objetivo de esta convocatoria masiva es doble: demostrar fuerza ante posibles retrocesos en la Ley Antidiscriminación y consolidar los consensos sociales ya ganados, como el matrimonio igualitario y la identidad de género. La consigna es clara: «La marcha de este mes tiene que ser un hito político muy importante… no podemos esperar a la rabia de cuando llegue un retroceso real para levantarnos».

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