¿Salud sexual sin garantías? Alerta por condones clandestinos enciende el debate sobre el comercio informal y la prevención en Chile
Mientras el retiro de 15 marcas de preservativos por el ISP y el Sernac evoca el temor a fallos sistémicos del pasado, especialistas marcan la diferencia: el riesgo hoy está en los canales de venta no autorizados.

Por: Stephanie Poblete
El Instituto de Salud Pública (ISP), en conjunto con el Servicio Nacional del Consumidor (Sernac), emitió una inédita alerta sanitaria para prohibir de forma inmediata el uso y la comercialización de 15 marcas de preservativos masculinos de látex en todo el territorio nacional de Chile. La medida, gatillada tras fiscalizaciones aduaneras y denuncias en el mercado digital, se ejecutó debido a que estos productos ingresaron al país de forma clandestina, sin registro sanitario ni verificación de conformidad. Esto significa que los dispositivos nunca pasaron por los test obligatorios de presión, elasticidad y porosidad exigidos por la normativa chilena, exponiendo a miles de usuarios a una «falsa sensación de seguridad» frente a embarazos no planificados e Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Entre las marcas más denunciadas y detectadas en las plataformas de comercio informal se encuentran OLO, Pasante, EXS y One, las cuales se distribuían sin ningún tipo de certificación de calidad.
Este escenario encendió las alarmas en las comunidades médicas, donde el fantasma de las pasadas crisis por pastillas anticonceptivas defectuosas volvió a instalarse en la discusión pública sobre las garantías que tienen los ciudadanos para proteger su salud reproductiva. La vulnerabilidad del usuario final cobra un rostro complejo cuando la planificación familiar queda a merced de la falta de fiscalización en los nuevos mercados digitales y de nicho.
Al respecto, Javiera Ogaz, matrona de atención particular, detalla que el origen de ambos problemas es distinto. «No siento que se repita la desprotección de las pastillas defectuosas. En ese caso, las entregaban consultorios y farmacias; eran productos reconocidos por el ISP vendidos de forma legal y establecida», diferencia.
Para la experta, el peligro actual radica en la desregulación de las plataformas digitales y sex shops: «A diferencia de los anticonceptivos que venían mal de fábrica pero estaban aprobados, aquí el ISP nunca revisó el producto y no se sabe si funciona. Las tiendas informales no deberían vender productos sanitarios; no sabes cómo los guardan ni de dónde vienen. Es una pena, porque la gente los compra en internet pensando que es igual de útil solo porque es más barata», concluye Ogaz.
Desde la vereda infectológica, el análisis clínico apunta directamente a las consecuencias biológicas de eludir estos controles estatales. La Dra. Francisca Morales, médica infectóloga de la red asistencial, advierte sobre la vulnerabilidad física a la que se exponen los usuarios al utilizar dispositivos sin certificación. «Existe el riesgo de adquisición de infecciones de transmisión sexual, porque estas mmicrorrotura o alteraciones de la porosidad finalmente son las que permiten la entrada de virus y bacterias. Son microorganismos que, con esas pequeñas alteraciones, pueden entrar a la mucosa y producir la infección de papiloma humano, sífilis, gonorrea o clamidia», explica la especialista.
A diferencia del debate social sobre el desamparo de los consumidores, la facultativa valora la alerta como una prueba de la efectividad del sistema de vigilancia epidemiológica. «Chile, a través del ISP, va regulando el mercado y por eso va viendo estos defectos de producción, tanto en pastillas como en la seguridad de los condones. Es importante que estas instituciones existan para hacer este control de calidad que es fundamental para la protección. Más que una falsa sensación de seguridad, todas estas alarmas que se están activando son fundamentales para que confiemos en la labor que hace el ISP», sostiene Morales.
Como protocolo inmediato ante la contingencia, la infectóloga plantea un llamado al autocuidado y al testeo proactivo de la población, independientemente de si se utilizaron o no los lotes cuestionados. «A las personas que usaron alguna de estas marcas, recomiendo primero, en el caso de las mujeres, revisar si están usando algún otro método anticonceptivo como las pastillas orales. En el caso de hombres y mujeres, siempre es bueno testearse e idealmente hacerse un chequeo al menos anual de VIH, hepatitis B, hepatitis C y sífilis», aconseja. Asimismo, insta a consultar inmediatamente ante malestares.
Este llamado al diagnóstico oportuno e institucionalizado busca derribar los muros de la desinformación que hoy alimentan al mercado informal. En definitiva, la alerta sobre estos productos clandestinos no sólo revela una brecha en la fiscalización de los nuevos nichos digitales, sino que reinstala la urgencia de una educación sexual integral que empodere al ciudadano; una donde el autocuidado y la prevención dejen de ser un asunto de economía de bolsillo y pasen a consolidarse como un derecho con plenas garantías sanitarias.