Modo Aula: El desafío pedagógico frente a la cuenta regresiva del pasado 30 de junio

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Modo Aula: El desafío pedagógico frente a la cuenta regresiva del pasado 30 de junio

Los establecimientos educativos enfrentan la compleja transición hacia un entorno sin celulares. La medida busca recuperar la atención en sala, pero expertos y docentes advierten que el éxito depende más de una renovación metodológica que de una prohibición administrativa.

Por: Stephanie Poblete

Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial, representando la transición del entorno digital al académico.

Tras cumplirse el plazo del 30 de junio, el sistema educativo chileno ha entrado en una nueva fase. Bajo la Ley 21.801, todos los establecimientos ya deben tener integradas las modificaciones al «Modo Aula» en sus manuales de convivencia; una normativa que busca reducir las distracciones y el ciberbullying en las salas de clases.

​Los establecimientos educativos enfrentan ahora la consolidación de esta transición hacia un entorno sin celulares. La medida busca recuperar la atención en sala, pero expertos y docentes advierten que el éxito depende más de una renovación metodológica que de una prohibición administrativa.

Aldo Pizarro, orientador del Liceo Bicentenario San Francisco en la comuna de San Ramón, destaca que la socialización temprana de la ley fue clave para evitar conflictos mayores. «Desde el primer día de clase de 2026, enfatizamos que esto no es una iniciativa propia del establecimiento, sino una implementación de todo el sistema escolar. Afortunadamente, no hemos tenido resistencias masivas ni cuestionamientos graves», explica.

Según señala Pizarro, los instrumentos de diagnóstico aplicados al inicio del año escolar indicaron que cerca del 90% de los estudiantes consideraba necesaria y positiva la medida.

Sin embargo, el proceso no está exento de desafíos. El orientador reconoce que, en la práctica, el control ha sido gradual y ha requerido ajustes en el Reglamento Interno de Convivencia Escolar (RICE). «Si bien existe un protocolo de gradualidad, a veces la norma se relaja. Como docentes, no logramos observar todo lo que ocurre con 45 estudiantes en sala, aunque el hecho de que lo hagan de manera oculta demuestra que el alumno sabe que está cometiendo una falta», agrega.

En cuanto a las excepciones por dependencia digital o razones clínicas, Pizarro enfatiza la importancia de la acreditación profesional: «Los estudiantes que requieren flexibilidades deben presentar documentación médica externa que justifique el uso del dispositivo por temas de salud o seguridad. Cuando se rompe la norma por desconocimiento de una condición de base, como nos ocurrió recientemente con un estudiante, el foco se pone en la comunicación proactiva entre la familia y el programa PIE».

Por su parte, la docente Jaqueline Cabezas, del Colegio Santiago de La Florida, refuerza esta visión desde la sala de clases: «Como profesora, he tenido que replantear mis estrategias. Implementó debates y trabajos prácticos para que tengan la información necesaria sin recurrir al teléfono. He notado que, al no estar permanentemente conectados, los alumnos socializan más y retoman actividades como el dibujo o la escritura».

Cabezas advierte, no obstante, que la transición genera ansiedad en alumnos con alta dependencia digital. «El ‘Modo Aula’ no depende solo de quitar el teléfono; se trata de ayudar a que los alumnos participen y aprendan de diversas maneras», concluye.

Con el cumplimiento del plazo legal para actualizar los reglamentos internos, la comunidad educativa chilena inicia una nueva etapa. El desafío ahora será evaluar cómo esta medida se aplica en la práctica y si logra convertirse en una herramienta que favorezca la concentración, la convivencia escolar y nuevas formas de aprendizaje dentro del aula. 

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