Leer para escapar: por qué los chilenos vuelven a los libros aunque el sistema no se los ponga fácil

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Leer para escapar: por qué los chilenos vuelven a los libros aunque el sistema no se los ponga fácil

Chile lee menos que Argentina, México y Uruguay, el precio de los libros sigue siendo una barrera y la comprensión lectora está entre las más bajas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El deseo de leer existe, el acceso no siempre.

Por: Rafaella Ronconi

Antártica Mall Plaza Oeste

Subirse al metro de Santiago y ver a alguien leyendo un libro es casi un milagro. Es evidente que los teléfonos predominan. Y, sin embargo, según la Encuesta Nacional de Participación Cultural y Comportamiento Lector 2024, el 82% de los chilenos declara que le gustaría leer más de lo que lee. El problema no es la falta de interés, sino la falta de acceso. Chile promedia 5,5 libros al año por persona, por debajo de Argentina, México y Uruguay, que rondan los ocho. El sociólogo Alexis Sossa lo explica claramente: el precio de los libros y la escasez de librerías son los principales obstáculos.

La lectura en Chile, además, está desequilibrada. Según datos de Ipsos y la Fundación La Fuente, quienes más leen son personas con mayor nivel educativo e ingresos más altos. «La lectura se convierte en una especie de representación de la desigualdad», advierte Vicente Davanzo, analista de Ipsos. En ese contexto, los eventos literarios gratuitos no son un lujo cultural: son una de las pocas instancias donde esa diferencia puede, aunque sea por unos días, acortarse.

La undécima edición de la Feria del Libro de Vitacura, realizada del 9 al 12 de abril en el centro Lo Matta Cultural, es un ejemplo concreto de esa lógica. Entrada gratuita, más de 45 expositores, y talleres infantiles permitieron al público explorar distintos universos literarios. El financiamiento, gestionado principalmente a través de la Corporación Cultural de Vitacura con apoyos institucionales públicos y privados, garantizó que ninguna familia quedara afuera por razones económicas.

Este evento sumó además una dimensión que pocas ferias locales logran: la del intercambio cultural real, con México como país invitado de honor. Carolina Vial, directora de la Biblioteca de Vitacura y coordinadora general de la feria, explicó que la decisión apuntaba precisamente a ampliar el horizonte del público asistente.

Fotografía de Linkedin

«La elección de México como país invitado responde a su destacada tradición literaria y cultural, así como a la relevancia de sus autores y autoras en el ámbito iberoamericano. Además, buscamos generar un intercambio cultural que permitiera acercar al público a nuevas voces, miradas y expresiones artísticas», explicó Vial.

Entre los representantes mexicanos destacó Carmen Avendaño, editora y representante de editoriales universitarias e independientes, quien estuvo a cargo del acervo de la Embajada de México en Chile. Presentó libros de historia diplomática y cultura, títulos que difícilmente circulan por los canales comerciales habituales y que en este contexto llegaron a lectores que quizás nunca los habrían encontrado de otro modo.

Fotografía por: Rafaella Ronconi

«Son libros para público en general, no son especializados, pero son de temas de cultura y de historia. Me parece muy interesante México y Chile, porque cuenta toda la historia de las relaciones diplomáticas entre ambos países desde los inicios hasta la actualidad. Fue coordinado por la actual embajadora de México en Chile y se acaba de presentar, es muy nuevo», comentó Avendaño.

Este encuentro reunió a los amantes de la lectura en un espacio accesible para todos, un lugar donde los niños despliegan su imaginación, los adultos encuentran una pausa feliz en medio de su rutina y, por un momento, todos evaden la realidad. Porque en el fondo, la razón por la que las personas aman leer es simple: los libros llevan a otro mundo, aunque sea por un rato. La feria cerró con muy buena convocatoria, pero la pregunta que deja abierta va más allá: en un país donde la mayoría quiere leer más y el acceso sigue siendo un problema real, ¿qué se necesitará para que los chilenos vuelvan a ser lectores frecuentes?

Quizás la respuesta está en seguir construyendo espacios como este, donde el libro deja de ser un privilegio y se convierte en algo tan cotidiano como el trayecto en metro. Porque mientras el precio de los libros siga siendo una dificultad y las librerías continúen escaseando, eventos gratuitos y abiertos a todos seguirán siendo, para muchos chilenos, la única forma de escapar hacia el mundo al que siempre quisieron pertenecer.

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