La intervención de la IA en el cine de animación: ¿Herramienta o reemplazo en la industria local?
Por: Mauricio Araya Cornejo
El avance de las tecnologías de Inteligencia Artificial (IA) ha generado un intenso debate global en las industrias creativas sobre el reemplazo de la fuerza laboral humana y la pérdida de la identidad artística. Según el informe global de la consultora Capterra, el impacto de estas herramientas es una realidad ineludible: se proyecta que el 50% del contenido publicado por empresas en redes sociales será generado por inteligencia artificial, mientras que un 40% de los creadores ya utiliza IA generativa de forma cotidiana para optimizar su productividad.
En plataformas de consumo masivo como TikTok, el formato de video corto ha empujado una automatización acelerada. El fenómeno que inició tras la pandemia con la introducción masiva de ChatGPT en 2022 —permitiendo la redacción automatizada de textos complejos— mutó rápidamente hacia el ecosistema audiovisual. De acuerdo con datos de la firma Wyzowl, el mercado global de generadores de video con IA se ha disparado, consolidando plataformas como Runway, Sora (OpenAI) y Google Veo, capaces de procesar instrucciones complejas, simular leyes físicas y clonar voces en minutos, reduciendo los costos de producción tradicionales en más de un 90%

Esta evolución en tiempo récord trasladó la tecnología desde las pantallas de los teléfonos móviles directamente a la industria cinematográfica comercial. Un hito temprano ocurrió con los estudios Marvel y su serie Secret Invasion (2023), que utilizó secuencias de imágenes generadas por algoritmos para su introducción animada, desatando una fuerte ola de críticas por parte de los sindicatos de diseñadores y artistas gráficos.
Sin embargo, el debate adquirió un nuevo matiz en el panorama latinoamericano en mayo de 2026, tras el estreno en Honduras de Copán: la leyenda. El largometraje narra las aventuras de Roberto Agurcia —inspirado en el arqueólogo Ricardo Agurcia Fasquelle— y su nieto Gabo, quienes descubren un portal hacia el inframundo maya, Xibalbá. La particularidad del proyecto radica en que su factura visual se realizó íntegramente mediante algoritmos de IA generativa.

A pesar de la expectativa tecnológica, la cinta no logró el éxito comercial ni la recepción crítica esperada, abriendo una interrogante directa sobre la calidad estética, la coherencia visual y la narrativa de las producciones completamente automatizadas. Este precedente centroamericano encendió las alertas en el cono sur sobre la viabilidad y el despliegue de estos modelos en los mercados locales.
El escenario en Chile: Eficiencia versus identidad
Ante la experiencia regional de Copán, cabe preguntarse qué tan expuesta o receptiva está la industria de la animación en Chile frente a estas tecnologías, y si los algoritmos realmente pueden sustituir la sensibilidad humana en la pantalla.

Cristóbal León, reconocido director de cine de animación chileno y co-creador de La Casa Lobo, plantea que nos encontramos ante la mayor revolución tecnológica contemporánea, comparándola incluso con el nacimiento de una criatura desconocida. «Afecta la manera en que nos pensamos como humanos, nuestras motivaciones para aprender y hacer cosas. Es muy radical el cambio que trae», explica León, quien añade que el trasfondo de esta irrupción tiene que ver con la velocidad. «La gran cosa de la IA es un asunto de eficiencia, es lo rápido que lo resuelve, pero obviamente no actuamos como humanos solamente en base a la eficiencia; sería reducirnos a algo muy pequeño».

Para el realizador, el hito de una película hecha 100% con algoritmos no significa el fin del oficio artesanal. León nos comenta que «No creo que la IA reemplace en su totalidad al cine de animación. No creo que dejemos de hacer arte; la fotografía no reemplazó a la pintura, la música electrónica no reemplazó a la música instrumental, las cosas se van simplemente diversificando. Vamos a seguir optando por hacer animación, muchos de nosotros, por hacerlo a mano, por hacerlo artesanalmente, por las cosas que podamos descubrir en ese proceso. Hacer arte también es un trabajo en uno mismo y ese aspecto del trabajo propio es algo que se pierde bastante con la IA».
Esta postura coincide con la de Francisco Visceral, director de cine de animación chileno, quien advierte que el uso absoluto de algoritmos borra el sello propio del autor y genera un fenómeno de uniformidad visual. «Ya todo se está homogenizando de alguna forma, todo se está pareciendo. Hay algo muy rico en trabajar con tu propio lenguaje directo a través de tus propias manos, ya sea con herramientas análogas o digitales, porque ahí estás plasmando tu identidad de forma inconsciente. Lo que hace la inteligencia artificial es recoger referencias de todo el mundo, copiarlas y pegarlas. Al final, esa suma de imágenes culturales, de influencias, de tu contexto social y del imaginario propio, no se pueden reflejar a través de un ente externo y estéril realmente como es la inteligencia artificial».

Algoritmización y el desafío de la propiedad intelectual
Uno de los puntos críticos de la discusión radica en la recepción del público y la aparente optimización de los relatos. Frente a esto, Cristóbal León desmitifica que se trate de un fenómeno del futuro, asegurando que las audiencias ya consumen narrativas automatizadas. «Las plataformas hace años ya están bastante pautadas por algoritmos que determinan la duración de las escenas, la cantidad de escenas de día y de noche. Los guionistas que trabajan para plataformas ya están siendo pautados por algoritmos. Yo creo que el público va a conectar con obras hechas por IA, no tengo duda; pero eso va a hacer que todas las cosas se vayan volviendo más iguales”.
Esta estandarización no solo arrastra consecuencias estéticas, sino también vacíos legales severos respecto al plagio de estilos de autores consagrados. Ante el escenario de que un algoritmo replique la estética oscura característica del tándem León-Cociña, el director admite la ambigüedad regulatoria actual. «Espero que se avance en normativas que nos protejan a nosotros los artistas. En el pasado hemos tenido algunos temas parecidos con artistas humanos y no me ha quedado claro bien cuál es el límite del plagio y cuál es el límite de la inspiración. Sería una lástima que ocurra, posiblemente va a ocurrir. No creo que haya mucho que podamos hacer más que empujar para que se avancen normativas que nos protejan, pero por otro lado también nosotros los artistas vamos a tener que reinventarnos», agrega León.
El impacto socioeconómico en la industria local
La incorporación de la IA en la animación chilena —reconocida internacionalmente por hitos de manufactura humana como el Premio Oscar de Historia de un oso— también tensiona las condiciones laborales del sector. Francisco Visceral vincula directamente este fenómeno con el contexto económico del país. «Por supuesto que eventualmente va a llegar, y sobre todo en un país con unas condiciones neoliberales; por supuesto que afecta y creo que ya está afectando. Esto es como lo que pasó con la primera revolución industrial: se suponía que era para que los trabajadores tuvieran una mejor vida, pero la historia probó que fue al revés y se explotó mucho más al obrero. Cuando dejas todos los aspectos a la IA, sobre todo los creativos, no solamente los resultados son estériles, sino que también le restas trabajo y calidad de vida a la gente. Esta industria creativa debe ser humana».

El caso de Copán: la leyenda se levanta hoy como un espejo para la cinematografía nacional. La industria local no esquiva la herramienta; el propio Cristóbal León reconoce haberla utilizado para tareas menores de postproducción y rescata una dimensión lúdica en su uso: «No quiero ver la IA solo como un posible peligro (…) hay un aspecto de ella que me parece divertido y que también puede acelerar procesos creativos».
La encrucijada actual para la animación chilena no radica en la negación de la tecnología, sino en la urgencia de establecer límites éticos y legales que impidan que la automatización precarice el trabajo técnico, utilizando la irrupción algorítmica como un impulso para expandir la creatividad humana hacia terrenos donde las máquinas aún no pueden llegar.