El desafío político del mundial 2026: cómo América del Norte se prepara para un evento sin precedentes
Escrito por: Gabriela Blanco Aponte
México, Canadá y Estados Unidos enfrentan el reto de coordinar seguridad, migración e infraestructura en un contexto de tensiones políticas.

La organización de la Copa Mundial de la FIFA 2026 marcará un hito no solo en lo deportivo sino también en lo político. Por primera vez, tres países- México, Estados Unidos y Canadá- compartirán la responsabilidad de ser los anfitriones del torneo, lo que implica una máxima coordinación entre países y gobiernos distintos.
Se espera que el evento movilice a millones de personas entre las distintas sedes, lo que ha obligado a los gobiernos a acelerar planes de infraestructura, reforzar sistemas de transporte y diseñar estrategias de seguridad.
Uno de los principales focos está en la gestión migratoria. Las políticas fronterizas, principalmente entre Estados Unidos y México, podrían tensionar el aumento de visitantes. Además, es importante tener en cuenta los recientes actos que ha tenido el ICE en Estados Unidos.
En cuanto a esto el analista internacional, Francisco Ocaranza, hace hincapié en la posible tensión fronteriza que podría ocurrir entre Estados Unidos y México: “Mientras el campeonato propicia una agilización y flexibilización tecnológica para el turismo internacional de alto poder adquisitivo mediante preautorizaciones, los cruces tradicionales se mantienen fuertemente militarizados y restringidos para las poblaciones migrantes ordinarias y solicitantes de asilo”. Esto podría demostrar una disparidad socioeconómica en dicho evento.
En materia de seguridad, la coordinación entre agencias de tres países con marcos legales distintos representa un reto complejo. Sin embargo, se necesita de coordinación entre los países. Francisco Ocaranza, analiza esta situación como una tregua entre países más que una alianza entre ellos: “Esta diplomacia deportiva encuentra sus límites en su carácter puramente operativo y coyuntural; la exitosa alineación para resguardar las sedes no resuelve las profundas discrepancias estructurales en las agendas migratorias o comerciales de los tres gobiernos, funcionando más como una tregua técnica y de relaciones públicas”.
A comienzos del Mundial se registraron varios controles fronterizos en Estados Unidos que impidieron la entrada de jugadores y algunos más. Algunos casos que se pudieron conocer están: la entrada negada al árbitro africano, el cual fue interrogado por más de 11 horas y enviado de regreso a turquía; La revisión exhaustiva y fuera de lugar que se le dio al equipo de Senegal, siendo revisados en plena pista del aeropuerto; La selección de Uzbekistán paso por lo mismo y la administración de Trump dejó en claro que no quiere a la seleccion de Iran en su territorio haciendolos quedarse en Mexico, Tijuana.
El diplomático, Leonardo Caroca Fres, se refiere a estos controles migratorios como algo discriminatorio: “es innegable la existencia de criterios caprichosos, arbitrarios e ilegales al momento de discernir por nacionalidad, discriminando a ciudadanos somalí, árbitros del Congo e incluso delegaciones de oriente próximo y África, paradójicamente recuerda más a una época imperial donde no existían derechos fundamentales en la estructura de un país”.
El verdadero reto del Mundial 2026 es demostrar cómo tres países con políticas públicas distintas pueden actuar como uno frente a un evento global de esta magnitud.