El arte que la ley no contempla: la batalla por los muros de Santiago

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El arte que la ley no contempla: la batalla por los muros de Santiago

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Barrio Yungay tiene protección patrimonial desde 2009 y murales de tres metros que nadie autorizó. Este mes, la Municipalidad de Santiago abre las primeras mesas técnicas para crear una ordenanza de arte urbano en zonas protegidas. El debate mezcla estética, política e identidad barrial.

Por: Rafaella Ronconi

La Municipalidad de Santiago convocó este mes de junio las primeras mesas técnicas para redactar una ordenanza de arte urbano en zonas patrimoniales, con participación del Consejo de Monumentos Nacionales, arquitectos y artistas. El debate llega tarde: en el Barrio Yungay, declarado Zona Típica en 2009, hay murales de tres metros que nadie autorizó, algunos promovidos en las propias redes sociales del municipio. Esto choca directamente con la Ley N° 17.288 de Monumentos Nacionales, la cual obliga a que cualquier intervención en fachadas de zonas típicas pase por el Consejo, y exige conservar el carácter ambiental y propio del sector. El arte urbano no aparece en ninguna de sus páginas.

Francisco Astudillo, artista de Puente Alto con más de quince años pintando en la Región Metropolitana, identifica el problema en la falta de voluntad institucional. «Las autoridades están desconectadas del valor que le da la pintura a las ciudades. Si se hiciera un trabajo en conjunto, tendría otro valor claramente. Chile tiene muy buenos artistas, pero la mayoría ha pintado en otros países porque acá no se les dan las oportunidades», señaló Astudillo.

Hoy trabaja en la recuperación de espacios públicos en Puente Alto con financiamiento municipal y cita el Museo a Cielo Abierto de San Miguel, fundado en 1991, como referente. Pero advierte que no todos los municipios siguen ese camino: «Hay algunos que no están entendiendo que va de la mano lo que la gente quiere ver con lo que el artista quiere expresar. Lamentablemente hay otros muy cerrados que no permiten ninguna raya, ningún dibujo. Y yo creo que no es lo que la ciudadanía quiere ver», agregó.

El muralismo en espacios públicos ha operado históricamente en un vacío legal. Para Astudillo, cualquier intento de sancionarlo está destinado a fracasar: «Históricamente la pintura en espacios públicos siempre ha sido ilegal. Pero si hay multa o se pone la mano pesada, igual la gente va a seguir pintando. Es parte de la cultura urbana. Y si tu trabajo está en un lugar donde no se puede pintar, obviamente tiene una mayor vitrina», afirmó.

Esta complejidad para normar el espacio es precisamente lo que advierte Natasha Osorio, coordinadora de programación artística del GAM con especialidad en exhibiciones y patrimonio, advierte que el borrador de ordenanza todavía no distingue entre disciplinas. «Los murales comunitarios son, dentro de las artes visuales, la técnica que más aporta valor social. El artista no trabaja solo: los diseños suelen ser codiseñados con la comunidad, hay una relación directa con el territorio», explicó Osorio.

La coordinadora del GAM sostiene que aplicar la misma regulación al graffiti y al muralismo es un error conceptual. «El graffiti no trabaja en comunidad, el muralismo sí. El arte urbano viene de no estar reglamentado, de trabajar en la noche, de contextos no institucionalizados. Si lo normamos todo igual, lo perdemos», sostuvo.

La ordenanza tendrá que responder algo que ni Astudillo ni Osorio dan por resuelto: si es posible regular el arte urbano sin quitarle lo que lo define.

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