Red Alameda Cultural y planes de restauración impulsan el circuito artístico capitalino

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Red Alameda Cultural y planes de restauración impulsan el circuito artístico capitalino

El proyecto combina la recuperación de monumentos vandalizados con itinerancias en barrios para combatir el desconocimiento ciudadano.

Por Nicole Martínez

Imágenes: GAM.cl / Nicole Martínez

El Gobierno de Santiago, en conjunto con la Municipalidad de Santiago y más de cincuenta instituciones culturales y académicas, ha puesto en marcha la Red Alameda Cultural, un corredor artístico continuo diseñado para revitalizar el eje principal de la capital. Esta iniciativa unifica las carteleras de diversos centros, museos y universidades en una plataforma digital única para facilitar el acceso de la ciudadanía a expresiones artísticas y científicas. De manera paralela, la administración local ejecuta un plan de restauración patrimonial mediante alianzas público-privadas destinadas a recuperar la infraestructura y proteger los monumentos nacionales dañados por el vandalismo. El proyecto integral busca mitigar el deterioro urbano en el centro de la ciudad y democratizar la oferta cultural, vinculando directamente el trabajo de la academia con las comunidades locales. El corredor unifica la oferta de cincuenta entidades públicas, privadas y académicas, mientras se restauran monumentos vandalizados y se trasladan las actividades artísticas a los barrios residenciales.

Frente al deterioro céntrico, la alcaldía prioriza restaurar fachadas como Correos de Chile o el Teatro Municipal. Leslie Briones, coordinadora de la Subdirección de cultura de Santiago, señala que el alcalde Mario Desbordes busca «darle una nueva mirada no solamente a la cultura, sino que también al patrimonio de la comuna. Entendiendo que es parte de nuestra memoria, de nuestra historia y, por supuesto, la que tenemos que rescatar y cuidar entre todos». Briones recalca que se trabaja «para poder ir protegiendo el patrimonio de la comuna, que estaba tan golpeado, tan alicaído y, por supuesto, tan vandalizado. Es importante también tener el apoyo de los organismos colaboradores y, en este sentido, hemos pedido de manera incansable el apoyo del Consejo de Monumentos para proteger estos monumentos».

Para mitigar el desconocimiento masivo, el plan expande la oferta a sectores residenciales. Briones destaca el valor de las tradiciones: «El patrimonio inmaterial es parte de nuestra cultura, es lo que a nosotros nos ha identificado a lo largo del tiempo y que reconocemos desde esa perspectiva. Es por eso que el trabajo que se está haciendo también es con aquellos que han traído nuevamente las tradiciones a la comuna de Santiago, como por ejemplo el Cuasimodo, donde son actos que han nuevamente involucrado a la ciudadanía». El objetivo es descentralizar el consumo de la Plaza de Armas. «Desde esa perspectiva, el trabajo con la comunidad y con los vecinos tiene que verse enfocado en poder desarrollar la cultura no solamente acá en Plaza de Armas, sino que también en los barrios, llevando música, teatro, exposiciones que sean abiertas», sostiene.

En el plano académico, Carlos Carrasco, periodista de Extensión Cultural de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), afirma que la asociatividad resuelve la fragmentación. «El principal beneficio es la articulación. Muchas instituciones culturales realizan un trabajo valioso durante todo el año, pero cuando ese esfuerzo se desarrolla de manera aislada resulta más difícil generar impacto y llegar a nuevas audiencias. Una red como esta permite visibilizar una oferta cultural mucho más amplia, coordinar acciones у construir una identidad común que fortalezca el acceso de la ciudadanía a la cultura», argumenta Carrasco.

Para el profesional, el éxito de la plataforma dependerá de la cercanía comunicativa. «El desafío más importante es lograr que la cultura deje de percibirse como algo lejano o reservado para ciertos públicos. Hoy existe una enorme cantidad de actividades de calidad, pero muchas veces la información no llega de manera efectiva o no logra conectar con los intereses de las personas. La comunicación cultural debe ir más allá de informar una fecha o una programación. Tiene que generar interés, mostrar experiencias, contar historias y transmitir el valor que tienen estos espacios para la vida cotidiana», puntualiza Carrasco, relevando el rol social: «Las universidades tienen una responsabilidad importante en la democratización del acceso a la cultura y al conocimiento. A través de sus centros de extensión pueden transformarse en puentes entre el mundo académico y la comunidad… Desde la Dirección de Extensión Cultural de la UBO entendemos que la cultura debe salir al encuentro de las personas, promoviendo actividades abiertas y accesibles que contribuyan al desarrollo cultural de la comunidad».

De esta manera, la Red Alameda Cultural se perfila no solo como una estrategia de reconstrucción estética frente al deterioro urbano, sino como un modelo de gestión que busca derribar las fronteras invisibles entre los grandes centros de conservación y el ciudadano común. El éxito a largo plazo de este megacorredor dependerá, en última instancia, de la constancia con la que estas cincuenta instituciones logren mantener vivos los canales de mediación directa en el territorio. Solo transformando las plazas de los barrios residenciales en los nuevos escenarios de la capital se conseguirá que el resguardo del patrimonio material e inmaterial deje de ser una tarea institucional aislada y se convierta en un orgullo colectivo y cotidiano para toda la comunidad.

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