Empleabilidad vs vocación: el debate que reabre el ministro Quiroz y tensiona la elección de carrera en Chile

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Empleabilidad vs vocación: el debate que reabre el ministro Quiroz y tensiona la elección de carrera en Chile

Miles de jóvenes en Chile enfrentan cada año la misma decisión: elegir una carrera que los apasione o una que asegure trabajo. En medio del alto endeudamiento estudiantil, la incertidumbre laboral y la sobreoferta en algunas áreas profesionales, el dilema entre vocación y empleabilidad volvió al centro del debate público tras las recientes declaraciones del ministro de quien llamó a considerar con mayor fuerza las proyecciones laborales al momento de ingresar a la educación superior.

Escrito por: Ahyelet Valentina González Pardo

Fotografía por Emiliano Carrizo, la tercera

Elegir una carrera universitaria es una de las decisiones más importantes para miles de jóvenes en Chile. Sin embargo, más allá de la vocación, factores como la empleabilidad, los ingresos futuros y el costo de los estudios han comenzado a ocupar un lugar cada vez más relevante en este proceso. El debate volvió a instalarse tras las declaraciones del ministro de Hacienda, quien planteó la importancia de considerar las oportunidades laborales antes de optar por una carrera. Quiroz habla de tener “cuidado de endeudarse para estudiar carreras donde a lo mejor hay menos futuro“.

En un contexto marcado por el aumento del costo de la educación superior y las dificultades económicas que enfrentan muchas familias, la relación entre elección de carrera y empleabilidad se ha transformado en una preocupación creciente. Según datos del portal MiFuturo.cl del Ministerio de Educación, existen diferencias significativas en los niveles de empleabilidad e ingresos entre áreas de estudio. 

Carreras del área de la salud y algunas ingenierías suelen superar el 85% de empleabilidad al primer año de egreso, mientras que disciplinas vinculadas a las ciencias sociales o las comunicaciones pueden presentar cifras considerablemente más bajas, especialmente en los primeros años tras la titulación. A esto se suma la saturación en ciertas áreas profesionales y el aumento de egresados en carreras con menor demanda laboral, lo que complejiza aún más la transición al mundo del trabajo.

La discusión se intensificó luego de que el ministro señalara que los estudiantes deben contar con información suficiente sobre las perspectivas laborales de las distintas carreras. Sus declaraciones generaron opiniones divididas entre quienes consideran que la empleabilidad debe ser un factor clave al momento de elegir y quienes sostienen que la vocación debe seguir siendo el principal criterio al momento de estudiar.

Para Cristóbal Villalobos, académico de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Católica, la responsabilidad de evaluar el futuro laboral de una carrera no puede recaer exclusivamente en los estudiantes. “Si partimos de la idea de que la educación superior es un momento de construcción de capacidades colectivas para el país, esta no es solo una responsabilidad individual, sino también del Estado, en términos de información y orientación”, afirma. También sostiene que las universidades que deben asumir un rol más activo en la entrega de información sobre empleabilidad y proyecciones laborales de sus programas.

El especialista explica que el debate no debe reducirse a una oposición entre vocación y rentabilidad económica. A su criterio, ambas dimensiones pueden complementarse mediante una orientación adecuada y acceso a información oportuna. “La vocación no es algo teórico o abstracto, sino una combinación de preferencias personales y necesidades sociales. Esto implica que puede compatibilizarse entregando más información y apoyando la orientación temprana, para que cada persona pueda proyectar su futuro laboral y social”, señala.

Sin embargo, el debate no solo se desarrolla en el ámbito académico. Para muchos estudiantes, las expectativas laborales terminan influyendo directamente en su experiencia universitaria. César Birkelbach, estudiante de cuarto año de Kinesiología, reconoce que ha enfrentado una crisis vocacional durante su formación universitaria.

Señala que parte de ese proceso estuvo marcado por el contraste entre las expectativas que tenía al ingresar a la carrera y la realidad que encontró una vez dentro del sistema. “Sí, habría influido bastante. Al principio uno elige la carrera desde la idealización de la profesión, pero conocer de antemano la realidad del mercado, la saturación o las verdaderas ofertas de empleo me habría permitido tomar una decisión mucho más aterrizada y estratégica”, señala.

A medida que avanzó en sus estudios, factores externos comenzaron a influir en su percepción sobre el futuro profesional. “Fue una mezcla de ambos. El desgaste o cambio en mis intereses personales se agudizó muchísimo al ver la realidad externa, ya que existe alta competencia, incertidumbre para encontrar un puesto de trabajo y salarios que a veces no compensan todo el esfuerzo y sacrificio de la carrera”.

Su experiencia refleja una preocupación que ha cobrado fuerza entre quienes ingresan a la educación superior: la necesidad de equilibrar las expectativas personales con las condiciones reales del mercado laboral una vez finalizados los estudios.

Las declaraciones también reactivaron el debate sobre el rol que cumple la educación superior dentro de la sociedad. Mientras algunos sectores consideran que las universidades deben responder de manera más directa a las necesidades del mercado laboral, otros sostienen que su función trasciende la formación para el empleo y contempla también el desarrollo cultural, científico y ciudadano del país.

El caso de César refleja una tensión que se repite entre estudiantes que, una vez dentro de la educación superior, comienzan a confrontar sus expectativas con las condiciones reales del mercado laboral.

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