EL DESPERTAR DEL TATAMI: EL DESAFÍO DE CONSOLIDAR EL RECONOCIMIENTO AL KARATE EN CHILE

Fotografía de la página web usach.cl
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EL DESPERTAR DEL TATAMI: EL DESAFÍO DE CONSOLIDAR EL RECONOCIMIENTO AL KARATE EN CHILE

Por: Catalina Harasic Caroca

El karate chileno habita hoy una paradoja silenciosa. Sobre el tatami, atraviesa el período más luminoso de su historia deportiva, transformado en una implacable fábrica de atletas de élite capaces de colgarse medallas internacionales con una regularidad pasmosa. Fuera de él, sin embargo, la disciplina aún libra un combate desgastante contra el prejuicio. Tras la masiva exposición de los últimos megaeventos, el arte marcial no busca más aplausos ocasionales ni la ovación efímera del podio; exige una transición urgente hacia un reconocimiento permanente, profundo y estructural en la matriz cultural de Chile.

En la era del impacto digital, la visibilidad puede transformarse en un arma de doble filo. La multi campeona panamericana Valentina Toro se ha alzado como el rostro fundamental de esta revolución deportiva, pero su exposición en plataformas digitales expone una de las tantas grietas de la sociedad: la sutil línea donde la sociedad confunde el mérito deportivo con la celebridad de internet. Al ser reconocida en espacios públicos, Toro choca de frente con la superficialidad de una audiencia que suele priorizar la pantalla antes que el sudor. Totalmente, cuando me reconocen y me dicen ¿tú eres la influencer o la de TikTok? Ahí yo aclaro inmediatamente y digo no, soy deportista, soy karateka», exclamó la deportista.

Para la atleta, este esfuerzo por blindar su identidad no es un capricho egoísta, sino un ejercicio político de visibilización bajo un estándar riguroso. Sostener la etiqueta de «deporte profesional» en un país acostumbrado al amateurismo conceptual requiere constancia.  «Siento que he tenido la tarea de mostrarlo como un deporte profesional y la gente ya me conoce por eso! Así que hace rato ya no me lo dicen», explicó Valentina con la tranquilidad de quien ya movió la aguja cultural.

Sin embargo, la verdadera mística del alto rendimiento se teje en el aislamiento, lejos del encuadre de las cámaras de televisión. El éxito no se gestiona para el directo de los matinales ni para la pauta de la semana. «La verdad no siento que nosotros entrenamos y ganamos para las cámaras, obvio que es bien recibido cuando nos reconocen… El proceso para llegar a ganar una competencia es durísimo, mucho estrés, dolor físico… A nuestro entrenador no le acomoda mucho que esté la prensa en nuestro proceso de entrenamiento o previo a una pelea», puntualizó la karateca.

Detrás del himno nacional y las banderas en las ceremonias oficiales, la realidad material devuelve a los atletas a una cotidianidad descorazonadora. El contraste es violento ya que Chile posee una de las mejores infraestructuras técnicas de la región, pero las condiciones secundarias del Centro de Entrenamiento Olímpico (CEO) evidencian el desgaste de la falta de presupuesto y la desidia institucional.

Toro no esquiva el diagnóstico y enciende las alarmas sobre las precariedades que cohabitan con la élite. «Me gustaría que los baños del ceo mejoraran, creo que los últimos años para los deportistas están un poco precarios. A nivel económico creo que las selecciones juveniles y entrenadores necesitan más apoyo… las proyecciones juveniles no están muy bien cuidadas, sobre todo con los estudios y los deportistas de regiones. Muchas veces no queda otra opción que elegir«. 

Esa última frase esconde el verdadero drama del deporte chileno: la deserción obligada. Al concentrar los recursos fiscales exclusivamente en el presente en aquellos nombres que ya aseguran la foto de la medalla, el sistema asfixia el recambio. El talento regional y las categorías juveniles quedan atrapados en un embudo financiero donde compatibilizar la academia con el tatami se vuelve una ilusión. Si no se cuida el origen, el destino dorado del karate chileno podría tener fecha de caducidad.

Esta desconexión entre el logro y el proceso es analizada con bisturí desde la dirección técnica. El head coach de la selección nacional, Ahmed Gamal, sostuvo que el hito de Santiago 2023 marcó un punto de inflexión histórico, un legado innegable que sacó al karate de la periferia. No obstante, el estratega egipcio advierte que la validación real no se decreta por un evento de dos semanas; debe sostenerse en el tiempo. «Yo creo que los Juegos Panamericanos de Santiago 2023 dejaron un legado importante y mostraron al karate como un deporte de alto rendimiento (…) aún queda trabajo por hacer para que el karate sea percibido de manera permanente y no solo durante los megaeventos o cuando se obtienen resultados destacados», puntualizó Ahmed.

Para Gamal, el enemigo principal no es la falta de talento, sino un sesgo histórico arraigado en la sociedad chilena que reduce las disciplinas de combate a un mero taller extraescolar o a un mecanismo de seguridad personal. «Lamentablemente, sí. Creo que ese prejuicio todavía existe en una parte importante de la sociedad chilena. Muchas personas siguen viendo el karate y otras artes marciales principalmente como disciplinas para aprender defensa personal, y no como deportes de alto rendimiento», explicó el head coach. La solución que plantea el estratega no es técnica, sino pedagógica ya que esto implica reeducar el paladar deportivo del chileno común.  «El cambio llegará cuando exista un mayor conocimiento y una mejor educación sobre lo que realmente es el karate moderno. De esa manera, dejará de ser visto como un simple hobby y será reconocido como un deporte de alto rendimiento», argumentó de forma categórica.

En ese rediseño cultural, los medios de comunicación locales cargan con una responsabilidad histórica que, hasta ahora, ejecutan a medias. Gamal critica la cobertura sensacionalista, esa que solo asiste al aeropuerto a recibir campeones pero ignora la planificación científica que precede a la gloria. «Aunque el karate tiene presencia en los medios y existe un reconocimiento general hacia los logros que ha conseguido Chile, todavía falta muchísimo para alcanzar una cobertura que refleje realmente el trabajo que hay detrás de los resultados (…) Falta una difusión mucho mayor de los procesos».

El desafío definitivo del karate chileno ya no se juega en las dimensiones técnicas del dojo ni en la estrategia del combate técnico. El verdadero examen lo enfrenta la madurez de una sociedad y de las instituciones que deben decidir si están listas para abrazar el alto rendimiento con todas sus consecuencias materiales y culturales.

El horizonte de esta disciplina trasciende las planificaciones gubernamentales y las decisiones del Comité Olímpico Internacional. No se trata de una acreditación en una credencial o de un cupo en la cita de los cinco anillos. Al cerrar el análisis sobre el destino de su carrera, Valentina Toro resumió el verdadero norte de esta generación con una declaración que suena a manifiesto. «Mi sueño es dejar un legado y que el karate sea un deporte importante a pesar de que no seamos un deporte olímpico».

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