Met Gala 2026: Cuando la lucha social se convierte en un «consumo estético» de la alfombra roja
Llegó una nueva versión de la conocida Met Gala; sin embargo, en esta edición desfiló el drama y la superficialidad.

Fotografía: Reworld Media.
Por: María Paz Vega.
El evento de moda más grande de Estados Unidos regresó el pasado lunes 4 de mayo. Este año, la Met Gala presentó un nuevo concepto artístico bajo la temática Costume Art o Arte del Vestuario, centrada en explorar la moda como una forma de arte a través de su relación intrínseca con el cuerpo humano. Esto permitió abordar conceptos como el cuerpo desnudo, la anatomía y la moda clásica convertida en arte, entre otros.
Este evento es organizado anualmente desde 1948 por el Museo Metropolitano de Arte (MET), en Nueva York. Anna Wintour, editora de Vogue, asumió la dirección de este espectáculo en 1995, logrando masificar esta gala a nivel global.
Esta celebración va más allá de las confecciones de diseñador: tiene un carácter benéfico. Como cada año, el departamento Costume Institute del Museo Metropolitano inaugura una exposición de moda en la cual se recaudan fondos para apoyar el financiamiento autónomo de esta área. Este departamento logró recaudar más de 30 millones de dólares el año 2025.
Sin embargo, la nueva edición vino escoltada de críticas y repudio mediático, luego de que se anunciara que el principal patrocinador de este año no es otro que Jeff Bezos, empresario y fundador de Amazon. A raíz de lo anterior, el grupo activista “Todos odian a Elon” vistió la ciudad de Manhattan con carteles y protestas por supuesta explotación laboral, evasión de impuestos y la colaboración de la empresa comercial con el Servicio de Inmigración (ICE).
A pesar de las críticas, la organización del MET aceptó el financiamiento del empresario estadounidense, dejando un mensaje bastante claro: el show debe continuar.
Al respecto, el periodista y gestor cultural Daniel Zegers, aludiendo a la relación entre élites económicas y cultura de la moda, mencionó: “Hoy en día, desde los ciudadanos de a pie, nos atrevemos a mirar, cuestionar y encontrar bastante lejano y ridículo este mundo, pero quienes lo ‘habitan’ cada año, desde Jeff Bezos para abajo, necesitan exponer ahí su poder y los fines ‘benéficos’ que en este caso también son bastante alejados de lo social”.
Este acto termina por convertirse en una mera puesta en escena del poder, tal como plantea Dante Castillo, sociólogo y académico de la Universidad de Santiago: “La imagen del activismo político sustituye a la realidad del activismo, convirtiendo la lucha social en un consumo estético”.
El evento triunfó mediáticamente y se llevó a cabo según lo previsto, con cerca de 300 invitados. Entre los asistentes destacaron diversas figuras del espectáculo internacional, como Anne Hathaway, Beyoncé, Nicole Kidman, Bad Bunny y Madonna, junto a otros nombres influyentes de la música, el cine y la moda.
En esta edición, se evidenciaron ausencias relevantes en la alfombra roja. Figuras como Lady Gaga, Zendaya y Pedro Pascal, conocidas por expresar posicionamientos ideológicos a través de sus vestimentas en este tipo de instancias, no participaron del evento, lo que podría interpretarse como un mensaje político.
“La Met Gala es el escenario perfecto para observar la tensión entre el activismo auténtico y lo que muchos académicos denominan la estetización de la política o el activismo de alfombra roja”, término que manifiesta una visibilidad política, pero que a veces “puede transformarse solo en una pose”, agregó Dante Castillo.
Por otro lado, Daniel Zegers aborda esta tendencia desde una mirada crítica: “En muchos casos son aprovechados en su alcance para dar también mensajes disruptivos, como el apoyo de Javier Bardem a las víctimas de Gaza cada vez que puede y tiene prensa cerca, o el rechazo de Marlon Brando a su premio Oscar, por el genocidio indígena en EE.UU.”, expresiones que evidencian cómo la desigualdad social puede ser incorporada como un elemento estético dentro de estos espacios.
En esa línea, la Met Gala no sólo se consolida como una vitrina de tendencias, sino también como un espacio donde el poder, la estética y la política se entrelazan de forma cada vez más evidente. No es casualidad que, en el año 2017, la ya mencionada editora de Vogue, Anna Wintour, señalara públicamente que Donald Trump es la única figura política vetada del evento, marcando un precedente sobre los límites simbólicos y políticos.
Así, la moda pasa a convertirse en un lenguaje que trasciende lo visual y se instala en el plano político, tal como señaló Castillo: “La vestimenta es una de las formas más explícitas de visibilizar una postura política”, confirmando que, en espacios como la Met Gala, la moda no sólo se exhibe, sino que se viste de política.