¿Renace la educación o se profundiza la crisis? Estudiantes acusan «estigmatización y abandono» del sistema público

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¿Renace la educación o se profundiza la crisis? Estudiantes acusan «estigmatización y abandono» del sistema público

Mientras el debate se centra en la seguridad y los recortes estudiantiles, jóvenes acusan una estigmatización y abandono de la educación pública chilena.



Por: Tonka Jamet Gatica

En las últimas semanas, el escenario educativo ha vuelto a tensionarse tras las declaraciones del subsecretario de Seguridad, Andrés Jouannet, quien señaló que en la educación “se instaló el crimen organizado y la delincuencia”. Sus dichos fueron ampliamente cuestionados por estudiantes y comunidades educativas, quienes consideran que este tipo de discursos contribuyen a estigmatizar aún más a la juventud y desvían la atención de las problemáticas estructurales que enfrenta la educación pública.

Para muchos estudiantes, estas afirmaciones resultan preocupantes y alejadas de la realidad que viven día a día en sus comunidades educativas, ya que se generaliza de forma injusta a los jóvenes, cuya mayoría lucha por salir adelante en un sistema que muchas veces les da la espalda. El clima de tensión es tal que gran parte de los secundarios movilizados optan por mantener en estricta reserva sus cursos o eventuales roles de dirigencia; el temor a sufrir represalias, ser acusados o perseguidos es latente, reflejando en carne propia la criminalización que denuncian.

Respecto a los dichos del subsecretario, Belén Guerrero, estudiante de quinto año de Derecho en la Universidad de Santiago de Chile, cuestiona directamente la relación entre estudiantes y delincuencia. “La realidad es totalmente contraria a lo que él señala. La educación y el apoyo social que entrega el Estado son justamente las herramientas más importantes para prevenir la delincuencia y el crimen organizado”, afirma. Además, agrega que muchos jóvenes crecen en contextos marcados por la vulnerabilidad, la violencia y la precariedad, donde las oportunidades de desarrollo son escasas.

Una postura similar plantea Cristóbal Farías, estudiante de cuarto medio del Instituto Nacional y vocero estudiantil, quien rechaza las declaraciones de la autoridad y asegura que no representan la realidad del movimiento estudiantil. “Es algo totalmente falso. No es que los estudiantes inciten la violencia, muchas veces lo que ocurre es una manifestación del descontento frente a situaciones que los afectan, llegando incluso a puntos extremos por no sentirse escuchados”, señala.

A esto se suma el descontento frente a propuestas impulsadas por sectores del gobierno y figuras como el presidente José Antonio Kast, orientadas a recortar beneficios estudiantiles. Entre ellos, apoyos fundamentales que permiten la permanencia en el sistema educativo, especialmente para quienes provienen de contextos más vulnerables. Para muchos estudiantes, estos beneficios no son privilegios, sino condiciones básicas para poder estudiar.

La respuesta no se ha hecho esperar. Diversos liceos a lo largo del país han iniciado tomas como forma de protesta, manifestando su rechazo tanto a los recortes como a los discursos que los criminalizan. Estas movilizaciones reflejan una sensación compartida: los estudiantes sienten que, en lugar de ser escuchados, están siendo cuestionados y deslegitimados.

En relación con esto, Karina Poblete, estudiante de segundo medio del Liceo 1 quien también participa activamente en la lucha de los derechos estudiantiles y es vocera del centro de estudiantes, comenta que estas problemáticas no surgen de manera aislada, sino que están ligadas directamente al abandono educacional. “Como estudiantes estamos muy preocupados por el desarrollo de la educación chilena y por el tipo de ciudadanos que van a dirigir este país. Se le está quitando relevancia a la educación, siendo uno de los pilares fundamentales para la conformación de nuestra sociedad. Esto contribuye a seguir profundizando la desigualdad entre lo privado y lo público, ya que se nos están quitando nuestras oportunidades”, advierte.

Sus palabras reflejan un sentimiento que se ha repetido en distintas manifestaciones estudiantiles durante las últimas semanas: el temor de que los recortes profundicen aún más las brechas sociales y limiten las posibilidades de acceso y permanencia en la educación para miles de jóvenes.

En esa misma línea, Belén Guerrero señala que detrás de las protestas existe una frustración acumulada frente a la pérdida de derechos y beneficios fundamentales. “Los estudiantes no protestan porque sí, sino porque se están implementando medidas que afectan directamente su vida y su futuro. Hay jóvenes que son la primera generación de sus familias en acceder a la universidad, que trabajan y estudian al mismo tiempo, y que dependen de estas ayudas estatales para poder continuar con su formación educativa”, explica.

Las movilizaciones también han reabierto el debate sobre cómo se está mirando actualmente a las juventudes en Chile. Mientras algunos sectores enfatizan la necesidad de mayor control y seguridad en los establecimientos educacionales, organizaciones estudiantiles y especialistas advierten sobre el peligro de asociar a los jóvenes con la delincuencia, ya que esto puede reforzar prejuicios y desviar la atención de problemas estructurales como la desigualdad, la falta de apoyo estatal y la precarización de la educación pública.

En medio de este escenario, las protestas estudiantiles vuelven a instalar una discusión histórica en el país: si la educación seguirá siendo entendida como un derecho fundamental o si continuará profundizando una crisis marcada por la desigualdad, la falta de oportunidades y el distanciamiento entre las autoridades y las demandas de los estudiantes.

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