Rodeo reabre debate tras dichos de la Ministra del Deporte

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Rodeo reabre debate tras dichos de la Ministra del Deporte

Con la reciente ratificación del rodeo como disciplina deportiva de alta competición por parte de la ministra del deporte Natalia Duco, el hecho ha pasado de lo administrativo a un poderoso movimiento político y social de gran envergadura. Mientras el Gobierno trata de reconectar con las tradiciones del Chile rural, la decisión choca de frente con la agenda animalista, al riesgo de romper con esto y vuelve a instalar en la opinión pública una pregunta incómoda: ¿Puede una práctica de herencia colonial convivir con los estándares éticos de un país moderno?

Por: Antonella Donoso

Imagen por Colvemet

Con el respaldo de Duco queda cerrada, al menos bajo la actual administración, toda posibilidad de prohibición a corto plazo. Elevando al rodeo a la condición de política de Estado, garantizando que la disciplina cuente con recursos públicos, validación técnica y un lugar de privilegio en el calendario oficial de las competiciones nacionales.

Para el mundo rural y las asociaciones de huasos, esta decisión se ve como una victoria estratégica. Se entiende como un reconocimiento a la identidad cultural del campo chileno, que muchas veces se siente desplazada por la centralización de las políticas del nuevo gobierno. Pero para los movimientos de protección animal, este movimiento se ve como una contradicción ética insalvable. Sostienen que un país que pretende liderar estándares de modernidad y de sostenibilidad no puede dar refugio institucional a una práctica que, desde su punto de vista, se sustenta en la coacción de seres sintientes. 


No se puede dejar de lado el peso del rodeo como motor económico. Miles de familias viven de esta actividad: ganaderos, veterinarios, artesanos de mantas y espuelas, transportistas y el sector gastronómico rural. Prohibir el rodeo sería un duro golpe económico para las regiones del Maule, O’Higgins y Ñuble. Para el Gobierno, proteger el rodeo es también proteger una red de empleo que el Estado difícilmente podrá reemplazar a corto plazo. Asimismo, el rodeo se constituye en un eje de cohesión social en pueblos donde la medialuna es el principal centro de reunión comunitaria.

Desde el sector corralero, la defensa ya no apela únicamente a la nostalgia o la tradición, sino a la tecnificación y la regulación, defienden que la disciplina ha evolucionado para ajustarse a los estándares deportivos actuales. 

Franco Rodríguez, corralero, cuidador de equinos y criado en ambiente huaso, opina que la disciplina ha sufrido una transformación, para adaptarse a las exigencias deportivas del siglo XXI.

Plantea tres aristas importantes, la primera cuidados del equino, hoy el caballo de rodeo es un atleta de élite, Rodríguez señala que el animal tiene planes de nutrición específicos, suplementos vitamínicos, herrajes de alta tecnología y una supervisión veterinaria constante para prevenir lesiones musculares o articulares.

En segundo lugar, regulaciones en la media luna, el reglamento actual establece límites estrictos. El novillo, por ejemplo, debe superar los 350 kilos para asegurar su resistencia física.
Y por último, la parte de la “tajada” (donde se hace el contacto) se ha cambiado poniendo esponjas y protecciones para que no golpee tan fuerte y no les salgan moretones a los bovinos. 

Rodríguez, señala: «Todo parte por el aprendizaje del caballo con una persona experta. El animal se cuida con veterinarios, vitaminas, concentrados y herrajes especiales para evitar lesiones. En el rodeo hay reglas: el novillo debe pesar más de 350 kilos y la zona de la ‘tajada’ está protegida con esponjas para que el animal no se machuque. No se le puede pegar al novillo ni al caballo porque sí, hay un reglamento enfocado en el bienestar animal».

Bajo esta lógica, el rodeo se presenta como un deporte de precisión y destreza técnica, donde cualquier golpe injustificado al animal  ya sea al caballo o al novillo es sancionado severamente por el jurado.


Pero el blindaje político de Duco ha encendido las alarmas en las agrupaciones civiles. El problema ya no es sólo cultural, es una lucha sobre qué tipo de valores debe promover el Estado.

Desde este punto de vista, la idea de “deporte” necesita que haya voluntad de participar por parte de quienes tomen parte en él. No es el animal el que elige competir. Los activistas señalan que el blindaje político de la ministra hace caso omiso de los avances en neurociencia animal que demuestran que los bovinos tienen alta capacidad de sentir dolor y ansiedad. La presión internacional también tiene algo que ver, al comparar el rodeo con las corridas de toros, las que han sido prohibidas en diversas partes del mundo.
En la vereda opuesta, grupos como Derecho y Defensa Animal se mantienen firmes en su posición. Para ellos, no existe algo que los proteja como la esponja que pueda mitigar lo que consideran un trauma inherente a la actividad. Desde la fundación Derecho y Defensa Animal,  cuestiona la señal enviada por el Ministerio, la raíz del problema es el uso de la fuerza física para el entretenimiento humano. 

Bajo este punto de vista el maltrato animal está en la definición misma, el novillo es perseguido, arrojado contra la quincha y sometido a estrés extremo. Dicen que la idea de deporte debe relacionarse con la voluntad de participar de quienes tomen parte en el mismo, algo que obviamente no tiene este deporte. 


Además, Karla Labraña, activista por los derechos de los animales de la comuna de Teno, señala: «Yo soy parte de un grupo que defiende a los animales y no creo que el rodeo sea un deporte. Los animales sienten miedo y dolor igual que nosotros, y eso no debería ser entretenimiento”. 

La ministra Duco con su intervención ha redefinido las prioridades del Gabinete. El Congreso sigue siendo un campo de batalla. Hay proyectos de ley que buscan no solo prohibir la actividad, sino transformarla en un rodeo sin sangre, o sea un deporte puramente de destreza a caballo sin el uso de ganado vivo. Los tradicionalistas, que creen que el novillo es lo esencial de la disciplina, rechazan esta alternativa intermedia.

El debate acerca de sí una herencia colonial puede ser compatible con la ética contemporánea está lejos de estar zanjado. La discusión pasa a un nuevo tablero, el rodeo ya no se defiende por tradición, sino que se impone como política de Estado.


Con la opinión pública dividida, el respaldo de Duco asegura que el sonido de las espuelas continúe formando parte del calendario oficial, consolidando una alianza con el mundo huaso y redefiniendo así las prioridades del nuevo Gabinete.

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